Un mundo como un árbol desgajado…
Besas como si fueses a comerme…
Porque quiero tu cuerpo ciegamente…
Luchando, cuerpo a cuerpo con la muerte…
Con la sangre hasta la cintura, algunas veces…
Hombre
Luchando, cuerpo a cuerpo, con la muerte,
al borde del abismo, estoy clamando
a Dios. Y su silencio, retumbando,
ahoga mi voz en el vacío inerte.
Oh Dios. Si he de morir, quiero tenerte
despierto. Y, noche a noche, no sé cuándo
oirás mi voz. Oh Dios. Estoy hablando
solo. Arañando sombras para verte.
Alzo la mano, y tú me la cercenas.
Abro los ojos: me los sajas vivos.
Sed tengo, y sal se vuelven tus arenas.
Esto es ser hombre: horror a manos llenas.
Ser —y no ser— eternos, fugitivos.
¡Ángel con grandes alas de cadenas!.
Este poema titulado “Hombre” pertenece a la obra de Blas de Otero “Ángel fieramente humano” publicada en 1950 y que recoge poemas escritos desde 1945.
Blas de Otero es el poeta que mejor representa y el más importante de la poesía social de los años cincuenta en España.
Esta obra pertenece a la poesía existencial de los años cuarenta-cincuenta, corriente bastante generalizada en el resto de Europa, en la que se percibe el influjo de los existencialistas europeos, especialmente de Jean Paul Sartre, con una filosofía primordialmente moral, que denuncia el compromiso del hombre con su propia libertad.
“Ángel fieramente humano”, junto a Redoble de conciencia” (1951) y “Ancia” (1958) pertenece a la segunda etapa de su producción literaria, al existencialismo, que es una época de transición entre su etapa inicial o etapa religiosa y la tercera y más representativa del autor, la etapa social. Esta etapa existencialista viene marcada por el “yo” del poeta, la angustia vital de Otero que clama y no es escuchado, por la impasividad de Dios para, posteriormente, ir evolucionando hacia lo colectivo.
“Ángel fieramente humano” es, sin duda una de las obras más importantes de su autor. Es una obra lírica, que pertenece a la poesía desarraigada, formada por 18 sonetos y 16 composiciones libres o semilibres de corte clásico. Su estructura consta de una introducción (presentando el problema existencial y el estado anímico del poeta), desarrollo (la búsqueda poética de una nueva razón vital) y conclusión (hay que aceptar la propia mortalidad; el hombre tiene valor de por sí, y es a él y no a Dios a quien debe dirigirse la poesía).
Este poema, Hombre, pertenece a la introducción del libro porque, como se verá, se plantea el problema de la existencia y el estado anímico de Blas de Otero que se convierte en un grito hacia Dios.
El poema es fruto de la situación anímica del Blas de Otero que está atravesando una época complicada ya que, al romper con el Dios de su primera época religiosa, el poeta se enfrenta a la angustia del vacío y a la muerte. Por eso, el tema del poema es el grito desesperado del poeta a Dios en un momento tan trascendente para todo hombre como es el de su muerte.
Junto a este tema, característico de la poesía existencialista y desarraigada, podemos encontrar otros subtemas fundamentales como es el de la muerte, una de las principales obsesiones del poeta desde su juventud: “Luchando, cuerpo a cuerpo, con la muerte”,” Si he de morir…” y sólo el silencio por respuesta que hunde al poeta en el conocimiento de la naturaleza del hombre: “Esto es ser hombre: horror a manos llenas”.
El argumento del poema sería el siguiente: El poeta, en el momento más trascendente de su vida, el de su muerte, llama a Dios buscando una ayuda y no encuentra más que un silencio que lo hunde en el vacío. Ese Dios al que clama es violento pues cercena la búsqueda del poeta que, al no recibir respuesta, se da cuenta de lo que en realidad es ser hombre, algo fugitivo y caduco.
La estructura externa del poema corresponde a los metros que caracterizan a esta obra: es un soneto de corte clásico formado por catorce versos endecasílabos, de rima consonante ( -erte, -ando, -enas, -ivos) divididos en los cuartetos y dos tercetos.
En cuanto a la estructura interna, el poema aparece dividido en dos partes bien diferenciadas según el contenido del mismo. La primera parte comprendería las tres primeras estrofas iniciales: ”Luchando… vuelven tus arenas” en las que aparece el clamar del poeta hacia Dios y el silencio de éste; la segunda parte comprende sólo el segundo terceto: “Esto es ser hombre… alas de cadenas” en el que Blas de Otero reflexiona acerca de la condición humana y la naturaleza del hombre.
El rasgo más importante que se desprende de la interpretación de este poema es la subjetividad que empapa todo el texto. Blas de Otero nos habla de sus sentimientos personales, de la angustia de un hombre arrojado al mundo (existencialismo) y sólo frente a su mayor obsesión: la muerte. Esa angustia metafísica aparece reflejada en las exclamaciones que se repiten en la segunda estrofa: “Oh Dios”, o en la frase cierre del poema que recoge la conclusión del hombre: un ser encadenado a su propio fin: “¡Ángel con grandes alas de cadenas”. Esa subjetividad marca el leit-motiv del poema.
Sólo aparecen dos personajes aparentemente dialogando: el "yo", del poeta; y el "tú", de Dios. El poeta solitario y sufriente, como ser destinado a la muerte y en un contexto de desolación anímica y de miedo, y ansioso de sobrevivir, para no perderse en el vacío: “el vacío inerte” busca desesperadamente y a gritos un "tú" para dialogar y sólo encuentra el silencio y dureza en los gestos divinos. Ésta es la clave del poema. El resto es consecuencia de este buscar ayuda y del no encontrar respuesta.
El poema se inicia con un léxico violento que marca el combate final del hombre: “Luchando, cuerpo a cuerpo” con una personificada muerte. Ésta es el abismo al que está abocado todo ser humano y del que quiere salvarse el poeta. Señalaremos que el “yo”- “tú” dialogante aparece ya en esta primera estrofa mostrando, más que un diálogo, el monólogo suplicante del poeta en ese ”estoy clamando” “Estoy hablando solo” y en la metonímica “mi voz” que se ahoga en un silencio divino que no escucha las súplicas de un alma angustiada: “quiero tenerte despierto” al que, diariamente, en el silencio de la noche desgarradoramente le suplica: ”Arañando sombras para verte”. Nuevamente se señalará la violencia implícita del verbo arañar y el “yo” del poeta se mueve en la noche y en las sobras del miedo y la desesperanza: ”noche a noche”, “sombras para verte”.
La antítesis voz ( poeta) silencio (Dios) marcan los dos polos del diálogo, al igual que la oposición de pronombres y los verbos de 1ª y 2ª persona: “me” (poeta), “tú” (Dios), “ quiero, estoy, alzo, tengo” (poeta), “sajas, cercenas” (Dios). La violencia del Dios que no responde aparece reflejada en le tercera estrofa en la que Blas de Otero muestra su desesperación ante la actitud divina. Dios es un ser que agrede al poeta. Nuevamente las antítesis marcan esa situación de desesperación del poeta y el lenguaje se vuelve más violento. Dios cercena toda posibilidad de salvación ante la muerte: “Alzo la mano, y tú me la cercenas”, “Abro los ojos: me los sajas vivos” “Sed tengo, y sal se vuelven tus arenas”.
El último terceto recoge la agónica consecuencia a la que llega el poeta: En ausencia de Dios, el hombre es un ser lleno de horror y desesperación ( existencialismo): “horror a manos llenas”, y la exclamación metafórica final: el hombre es un ángel caído y encadenado a la muerte: “Ángel con grandes alas de cadenas!
Por último, señalaremos que los encabalgamientos abruptos que utiliza el autor en las dos primeras estrofas:” clamando/a Dios”, “no sé cuándo/oirás mi voz”, “estoy hablando/solo” contribuyen a acentuar el dramatismo del sentimiento de abandono por parte de Blas de Otero.
Teresa Potoc Pozo
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